Cómo trabajamos

Qué es para el Jardín de Infancia Waldorf el cultivo del ritmo

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Una pedagogía que facilite al individuo la máxima libertad en el despliegue de sus propias fuerzas y facultades habrá de esforzarse en generar salud hasta en los mínimos detalles: el cuidado del cuerpo, la alimentación, suficiente movimiento, condiciones ambientales sanas, sin emisión de productos perjudiciales, ni ruido excesivo. Es muy importante también por ello la estética de las condiciones espaciales que son acogidas por el niño de manera totalmente inconsciente, pero sin que por ello dejen de afectarle, de ahí la importancia de los espacios en el jardín de infancia, los colores, materiales utilizados, imágenes, la luz, etc., todo ello ejerce un efecto que penetra en el niño fortaleciéndole o debilitándolo.

Pero no solo ejerce su influencia la formación del espacio, sino también la del tiempo. El sano transcurso rítmico de un día, de una semana, de un mes, o de un año, ejerce a lo largo un poderosísimo efecto no sólo en la constitución psíquica de los niños, sino también en su organismo corporal. Cuando el transcurso del día está organizado, de una manera rítmica, siguiendo un determinado orden, se ejerce una acción sumamente benéfica e incluso terapéutica sobre los niños.

Por ello en nuestro jardín de infancia hay un ritmo, al cual los niños van adaptándose y el cual les da seguridad, ya que siempre saben lo que va a venir.

Les contaremos cómo trabajamos en el Jardín de Infancia Waldorf

 

Al llegar los niños al jardín de infancia Waldorf, comienza el juego libre, luego realizan actividades con las maestras, ya sea pintura con acuarelas, dibujos con pastas, labores con lanas, modelado con ceras, etc. A continuación sigue la ronda, que a pesar de ir variando según las épocas del año, hay juegos y canciones que se mantienen durante todo el año. El desayuno es siempre a la misma hora y es preparado junto con los niños, quienes ayudan a poner la mesa de forma ordenada para luego agradecer a la tierra y al sol por los alimentos, a continuación juego al aire libre y el cuento que aunque varía también mantiene las oraciones y canciones.

Cada día de la semana tiene algo que lo haga especial y que lo diferencie de los otros, para que los niños lo esperen con alegría, por ejemplo: Lunes: pintura con acuarelas; Martes: modelado; Miércoles: pintura con ceras; Jueves: hacen pan y Viernes: preparación de la fiesta de la estación. Así con diferentes hechos u acciones, los niños pueden ir relacionando cada hecho con los días de la semana.

Un jardín de infancia es un espacio de juegos creado para los niños, quienes sienten que la sala que los recibe por las mañanas es lo más parecido a su propio hogar. Allí las enormes canastas con juguetes de madera y con objetos de la naturaleza son la invitación para que ellos creen o construyan con su propia imaginación el mundo que desean. Sedas con colores apropiados para disfrazarse o crear animales o muñecos a su medida, y la mesa con pastas y acuarelas para dibujar junto con las maestras les permiten desarrollar de manera artística lo que su alma infantil les invita a expresar.

La “gran familia” compuesta de niños de diversas edades que constituye el grupo del jardín de infancia es para los niños un campo de ejercitación del mundo real donde no estamos separados por edades, donde el mayor desarrolla la paciencia y se siente útil ante los menores y estos aprenden de los otros.

El tiempo organizado rítmicamente por los maestros es lo que el niño necesita para vivir sus juegos de imitación.
Los maestros y maestras trabajan; cocinan, limpian la sala, la ordenan, junto con los niños y todos los días niños y maestros se despiden con un cuento de hadas. Desde siempre, estos cuentos, elegidos de forma adecuada para cada edad del niño, han supuesto un alimento muy especial para el alma infantil. Estas narraciones juegan un papel fundamental en el desarrollo de la vida interior de niños y adultos.

Desde el punto de vista del adulto, el juego y el trabajo son opuestos. A menudo se piensa que el juego infantil es superficial y no tiene importancia alguna. Sin embargo, ante los ojos del educador atento, el juego del niño se muestra como un hacer dotado de profunda seriedad. El niño desarrolla en el juego no solo la habilidad corporal y la diferenciación de capacidades, sino también la fantasía infantil plena de voluntad que más adelante se expresará como iniciativa, como fuerza creativa. Cómo se comporta un niño en el juego expresa mucho de la forma en que más adelante actuará en la vida como adulto, afrontará su profesión y realizará su trabajo.

En el Jardín de Infancia Waldorf se concede gran importancia al movimiento y al reconocimiento en el espacio de su propio cuerpo. Los educadores realizan con los niños movimientos rítmicos, al mismo tiempo que recitan pequeños versos. Los niños esperan y disfrutan de este momento en donde lo rítmico-musical y lo vivencial se unen como expresión armónica para un sano crecimiento.

La personalidad del educador Waldorf como entorno formador del niño

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Ya hemos hablado de la importancia de la configuración pedagógica del entorno, nos encontramos también con las sensaciones y pensamientos que los adultos vinculan con él.

El niño se halla expuesto a todas las impresiones, positivas o negativas y estos hechos determinan, de alguna u otra forma, el destino del niño. De ahí se deduce la responsabilidad que recae en el educador adulto. Su personalidad constituye realmente el entorno formativo del niño, que ejerce una influencia mucho mayor que cualquier buen programa educativo o formativo, por ello se plantea una exigencia que el adulto sólo puede afrontar debidamente si trabaja sobre sí mismo, tema de muchas horas de trabajo en la formación del educador waldorf.